lunes, 7 de septiembre de 2009

Carta a quienes ponen en duda o niegan el Holocausto o SHOAH


Me duele, porque es mi sangre y yo me encarno en el sufrimiento de estos hombres y mujeres prominentes de una época, de un tiempo, que desgraciadamente, tuvieron, más que vivir sufrir. Su dolor es mío, y nuestro. Y cuando veo el despojo de tanto dolor, aún más me reivindico como judío, y no como contraposición a nada ni a nadie. Ahí, en la memoria colectiva están la pesadumbre de Egipto, pero también la liberación y la conciencia nacional que festejamos cada noche del 14 de nisan o mes de la primavera; el desastre del cautiverio de Babilonia, pero el aprendizaje y el lagado del Talmud Babli, de la Reina Esther; la caída de nuestro segundo gran templo de Jerusalem, en la época del sanguinario emperador Tito, que como el primero ya fuera advertida por el Ángel a nuestro ancestro Abraham avinu, la desgraciada irrupción del Islam, y la canalización de la explanada del templo de Shlomo con la Mezquita del Alqsa, que nunca debió construirse y que pido a D-s fervientemente que la remueva de sus simientes, para que, algún día, quede expedito el suelo para el III Templo y podamos recibir al Mahsiah. Eso nunca lo entenderán ni los árabes ni los enemigos de Israel, por que yo soy también Israel, por el pacto que llevo en mi carne, y nada, ni la muerte me lo arrebatará. Y digo esto a quienes dudan, titubean o simplemente niegan la evidencia de la catástrofe que puso fin a más de seis millones de vidas. Ahora se cumplen 70 años de la complacencia de quienes encumbraron a la bestia y callaron, y que ahora se escudan o protegen en los paños calientes de una conciencia casquivana, loca, y frívola, tal vez salvada, por hombres y mujeres justos que contribuyeron a liberar del sufrimiento a miles de almas que habían descendido del cielo con el único reparo “de llevar sobre si el pacto de la Alianza”.
Cómo podemos aceptar a quienes ponen una cortina negra sobre la Historia para exculpar los crímenes contra la Humanidad en la época más negra de la Humanidad, tal vez equiparable a los pogroms de Rusia, Inglaterra o la Inquisición Española, a los atentados en Europa contra personas inocentes o simplemente, el acoso permanente contra Israel desde su recuperación como estado moderno a partir de 1948.
Todo ello será posible, cuando Israel, guarde el Shabat, cuando cada judío sea cual fuere sea protegido y mimado como el último espécimen en peligro de extinción, porque no en vano, pese a la milenaria tradición somos un pueblo de alto riesgo que, pese a todo, goza de la predilección del Eterno, no por nosotros mismos, sino por su misericordia y por el pacto sellado con Abraham, Yitzhak y Yaacov.
Desde las Islas Canarias, como sionista religioso, con la mira puesta en Israel, soy consciente de que sólo en el valioso potencial de hombres y mujeres está depositada la defensa del kahal y parafraseo al querido general y recordado primer ministro Ariel Sharon, quien sostenía que la defensa de Israel depende de si misma y de nadie más. No perdamos de vista este acerto, tampoco la idea de quienes quieren borrarlo del mapa y no sólo de quien preside Irán.
Shana Tova Umetuka.


EL EDITOR



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