Alzado del Sefer Torah¿Judíos de Marruecos o extraterrestres? Así formula la pregunta la Fundación de Patrimonio Judío marroquí uno de los folletos que se pueden consultar en el museo de la comunidad judía en el reino alauita, situado en un barrio residencial de Casablanca; el único de toda África y el mundo árabe. Las leyendas y tradiciones locales, dice, hablan de que los judíos habitaban en Marruecos antes de la llegada de los romanos, en los albores de la era común. Desde hace más de dos mil años, están asentados en tierras bereberes, según recoge en su ediciones impresa y digital del lunes (29 diciembre 2008) el periódico tinerfeño Diario de Avisos, en una crónica firmada por ACN-Press.Hasta el 17 de noviembre de 1915, en la bandera marroquí lucía una estrella de seis puntas, como la Estrella de David (Magen David). La modificó por la actual de las cinco puntas el francés Lyautey, en un momento en el que en Europa las seis puntas se utilizaban para distinguir a los judíos del resto de comunidades.Siempre han sido una comunidad importante en Marruecos. Hace menos de medio siglo todavía poblaban las ciudades del reino cerca de 300.000 judíos; hoy sólo quedan entre cinco y seis mil. "¿Cómo es nuestra convivencia con los musulmanes?; nosotros estábamos aquí antes que ellos", bromea uno de los asistentes a la fiesta. Lleva años afincado en España, pero ha viajado a Casablanca estos días atrás para celebrar la Hanuka, la fiesta de las luminarias, que conmemora la época de la hegemonía helénica en Israel, hace 2.200 años.
La comunidad no está muerta. Eso es lo que importa para Simon Levy, secretario general de la Fundación Cultural Judío-Marroquí y director del Museo Judío. Eso, "y que hay un millón de judíos oriundos de Marruecos repartidos por todo el mundo; Marruecos es el centro de esa comunidad". Un centro en el que se reservan sus propios espacios: escuelas, comercios -carnicerías y bodegas de vino-, sinagogas -en Casablanca todavía quedan en activo una veintena de las ochenta que hubo-, dos tribunales para asuntos religiosos, clubes sociales, dispensarios médicos y una amplia red de recursos sociales."Aquí marroquíes musulmanes y judíos convivimos en perfecta armonía" dice afable una de las mujeres que está sentada en el sector femenino del salón donde se celebra la Januka. Levy está de acuerdo, pero recalca que son comunidades cerradas y que "no suelen darse casos de matrimonio entre unos y otros, ni se aceptan fácilmente las conversiones".Sentado en el despacho de su museo, Levy repite una y otra vez que la comunidad judía sigue existiendo, que no se ha extinguido, gracias a los países árabes, como Marruecos. "La gente está equivocada; hablan del odio de musulmanes y judíos, las cosas no son así".
En Marruecos, por ejemplo, -dice- "fue con Petain, en 1940, cuando la Administración francesa empieza a aplicar el Estatuto de los Judíos". Su padre se quedó sin trabajo. "Se nos prohibieron muchas cosas, entre otras, ejercer la profesión de comerciante". Cuando se le pregunta por el exilio de los judíos de Marruecos, Levy habla de varias causas, pero destaca la campaña de Israel, "la presión del sionismo", para atraer a judíos al territorio en los años sesenta. "Mohamed V se oponía a la partida de los judíos, pero en el 61 muere y cambia la historia con Hassan II, que aceptó nuestra salida".En el Círculo de la Unión, uno de sus clubes de reunión en Casablanca, Sam Danan precisa que las partidas de judíos empezaron en 1948, con barcos clandestinos. "Muchos murieron y entonces se nos permitió la salida libre del país". Se refiere al naufragio del "Egoz" una noche de enero de 1961. Fallecieron 44 judíos. "Eran familiares y conocidos nuestros, como todos los que se han ido instalando en diferentes partes del globo", dice al tiempo que asegura que él no tiene ninguna intención de marcharse de su país. Interrogado sobre su visión de Israel, anota que "lo vemos con simpatía, muchos judíos marroquíes viven allí; pero nuestra idea es la de la defensa de la paz, siempre". Antiguamente, sus dificultades consistían en que, como en otros países árabes, a los judíos de Marruecos se les consideraba infieles. Sólo los varones musulmanes eran miembros de pleno derecho de la sociedad, que no era equivalente a ser ciudadanos, un concepto desarrollado en Europa después de siglos de luchas por la igualdad y libertad. La mujer, el esclavo o el infiel eran considerados inferiores y regulados por la ley sagrada. Judíos y cristianos podían quedarse a condición de vivir en inferioridad respecto a los practicantes de la considerada religión verdadera, el Islam. La humillación era el precio por no ser como los demás, el impuesto de la diferencia.
La comunidad no está muerta. Eso es lo que importa para Simon Levy, secretario general de la Fundación Cultural Judío-Marroquí y director del Museo Judío. Eso, "y que hay un millón de judíos oriundos de Marruecos repartidos por todo el mundo; Marruecos es el centro de esa comunidad". Un centro en el que se reservan sus propios espacios: escuelas, comercios -carnicerías y bodegas de vino-, sinagogas -en Casablanca todavía quedan en activo una veintena de las ochenta que hubo-, dos tribunales para asuntos religiosos, clubes sociales, dispensarios médicos y una amplia red de recursos sociales."Aquí marroquíes musulmanes y judíos convivimos en perfecta armonía" dice afable una de las mujeres que está sentada en el sector femenino del salón donde se celebra la Januka. Levy está de acuerdo, pero recalca que son comunidades cerradas y que "no suelen darse casos de matrimonio entre unos y otros, ni se aceptan fácilmente las conversiones".Sentado en el despacho de su museo, Levy repite una y otra vez que la comunidad judía sigue existiendo, que no se ha extinguido, gracias a los países árabes, como Marruecos. "La gente está equivocada; hablan del odio de musulmanes y judíos, las cosas no son así".
En Marruecos, por ejemplo, -dice- "fue con Petain, en 1940, cuando la Administración francesa empieza a aplicar el Estatuto de los Judíos". Su padre se quedó sin trabajo. "Se nos prohibieron muchas cosas, entre otras, ejercer la profesión de comerciante". Cuando se le pregunta por el exilio de los judíos de Marruecos, Levy habla de varias causas, pero destaca la campaña de Israel, "la presión del sionismo", para atraer a judíos al territorio en los años sesenta. "Mohamed V se oponía a la partida de los judíos, pero en el 61 muere y cambia la historia con Hassan II, que aceptó nuestra salida".En el Círculo de la Unión, uno de sus clubes de reunión en Casablanca, Sam Danan precisa que las partidas de judíos empezaron en 1948, con barcos clandestinos. "Muchos murieron y entonces se nos permitió la salida libre del país". Se refiere al naufragio del "Egoz" una noche de enero de 1961. Fallecieron 44 judíos. "Eran familiares y conocidos nuestros, como todos los que se han ido instalando en diferentes partes del globo", dice al tiempo que asegura que él no tiene ninguna intención de marcharse de su país. Interrogado sobre su visión de Israel, anota que "lo vemos con simpatía, muchos judíos marroquíes viven allí; pero nuestra idea es la de la defensa de la paz, siempre". Antiguamente, sus dificultades consistían en que, como en otros países árabes, a los judíos de Marruecos se les consideraba infieles. Sólo los varones musulmanes eran miembros de pleno derecho de la sociedad, que no era equivalente a ser ciudadanos, un concepto desarrollado en Europa después de siglos de luchas por la igualdad y libertad. La mujer, el esclavo o el infiel eran considerados inferiores y regulados por la ley sagrada. Judíos y cristianos podían quedarse a condición de vivir en inferioridad respecto a los practicantes de la considerada religión verdadera, el Islam. La humillación era el precio por no ser como los demás, el impuesto de la diferencia.
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